Un gran proyecto de intervención sobre la autopista M-30 en la rivera del río Manzanares, Madrid, es abordado como una oportunidad para descomprimir el tejido urbano y para generar una continuidad de áreas verdes, espacios públicos y equipamiento. El proyecto se emprende como una sucesión de acontecimientos memorables, de norte a sur de la ciudad.
EL RÍO ES MÁS GRANDE. Enfrentarse al problema que se nos presenta puede abordarse por el camino erróneo, pensando que el río es un accidente de la ciudad. Nada más lejos de la realidad, la ciudad es uno de los eventos propios del río, y por ese motivo la propuesta debe responder a esta dimensión y actuar desde una esfera geográfica, entendiendo que se va a negociar con un continuo biológico, un vector que no se puede segregar según el viejo binomio rural-urbano.
A través del río el tejido urbano podrá descomprimirse, naturalizarse y alcanzar una continuidad de áreas verdes que cobraría dimensiones no imaginadas. Se trata de una verdadera oportunidad para hacer de la ciudad un lugar memorable.
El curso del agua y su área de influencia, el campo biológico que el río genera, presenta una secuencia de acontecimientos que muchos de los habitantes de la ciudad no conocen ni pueden intuir. Este campo activo, la vega del Manzanares, deberá valorarse de norte a sur. Es indispensable considerar toda esta unidad como objeto de estudio y ámbito de la propuesta.
El paisaje de Madrid quedará incorporado al paisaje del Manzanares: la ciudad se abrirá desde su centro hacia el medio natural, centro que se entiende hoy como la intersección entre tejido construido y el campo biológico del río. Los bordes de esta intersección se ablandan o endurecen para crear relaciones de proximidad entre el agua, la ribera, el antiguo arrabal de la margen derecha y la ciudad histórica situada en la izquierda.
Se trata de un salón de ribera, que acompaña al margen derecho del cauce en toda su longitud. Sobre el salón se proyecta una bóveda verde construida por un bosque de pinos que se plantarán modificando repentinamente el entorno. Los 9.000 ejemplares se seleccionarán para que, una vez plantados, se conviertan en una nueva y patente estructura natural. El salón vegetal es una contundente franja capaz de integrar los acontecimientos del río.




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